Historia de Vida

La historia de mi vida como tal no tiene importancia, lo que quiero con este recuento de algunos hechos es suscitar reflexiones, ese es el interés.

El patio de las Emmitas

La abuela Antonia me ayudó a nacer en Honda, Tolima, como a la mayoría en la región. Hasta los 11 años viví en el corregimiento de la Paz, en zona rural de Guaduas (Cundinamarca), donde con las mujeres de mi vida, las Emmitas: mi abuela y mi madre, aprendí haciendo y compartiendo, que los animales dan amor de manera espontánea y el amor es la principal expresión de inteligencia, que las plantas son también gente, por lo que se les debe tratar con respeto, se molestan si no se les saluda, se debe conversar con ellas para saber con qué otras plantas se sienten a gusto para asociarse, cada una aportando los nutrientes necesarios a la sociedad de cultivos, y así lo hace cada ser vivo, hasta configurar una verdadera comunidad en el patio…las plantas proporcionando hogar y alimento a las aves y a los animales, quienes a su vez aportan abono, amor y cantos al patio, a su selva y a toda la vereda, así como alimentos para el autoconsumo de la familia, también para el intercambio con las familias vecinas, estableciendo y fortaleciendo relaciones de solidaridad y sentido comunitario.

Estas vivencias de la niñez revolucionaron mis sentimientos, pensamientos y los andares, al saber que si se pueden construir autonomías, formarse en lo social, en lo ecológico y político y sobretodo en valores que abracen la vida, la generosidad, el respeto y la alegría, a partir de un patio sembrado con una selva de alimentos, con el liderazgo de unas mujeres con profunda sensibilidad y conexión con la energía vital del Universo.

Desafortunadamente, un día, estas mujeres emprendieron viajes hacia otros Universos y algunos hombres de la familia decidieron talar esta selva de alimentos del patio de la abuela, lo cementaron para instalar allí maquinarias y vehículos. Igual suerte corrieron parcelas y fincas de la región, donde se talaron grandes superficies de bosques, también los que rodeaban las quebradas, con la férrea idea de que el negocio rentable era sembrar monocultivos de pastos para criar vacas y bovinos con destino a la producción de leche y carne como actividad principal.

Hoy en día, en este lugar, las quebradas casi se secaron, no se tienen huertas, ni siquiera en los patios o jardines de las casas, los alimentos se llevan al corregimiento los sábados desde Bogotá que queda a 4 horas de camino, ya no se sabe cómo los cultivaron ni su procedencia, se perdió la diversidad alimentaria nativa local tan especial con la que se contaba, con el agravante de que a mitad de la semana ya no se encuentra en el corregimiento un cilantro, ni un tomate, nada para la olla…..teniendo tanta tierra para sembrar que podría garantizar de manera permanente el alimento propio de las familias y de los animales, a quienes hoy en día les toca llegar a hurtadillas a las viviendas a rebuscarse la comida, porque acabaron con sus nichos en los bosques y las huertas de donde se alimentaban, con las consecuencias nefastas para su integridad.

La expresión social: “es que al dejar un árbol se le quita espacio a dos vacas y ese es el negocio”, sigue siendo la visión predominante en la región, no se cuestionan las prácticas humanas que degradan la naturaleza…y así la deforestación sigue siendo colosal, la tierra se encuentra casi sin piel (arboles), el suelo se degrada rápidamente, el calor aumenta, escasea el agua, ahora la racionan al extremo…y muchos otros etcéteras adversos para un antes en el que este lugar era un paraíso en abundancias naturales.

En el año 2010 por ejemplo, cuando llovió tanto en Colombia, se produjeron en el corregimiento varios derrumbes que taponaron las dos vías de acceso dejando a la población acorralada, en donde leche y queso eran los únicos productos que se encontraban para alimentarse en esta encerrona, no había una fruta, ni una verdura….nada….y sin embargo, se culpaba a la “maldita niña”, como decía en ese momento de manera desacertada Santos, el presidente, casi nadie cuestionaba el maltrato que se le da a la naturaleza y mucho menos el hecho de que ya no se siembran huertas, pues manifiestan de plano que no es una actividad rentable.

Este pensamiento debemos revaluarlo, pues el asunto hay que analizarlo y hacerle cuentas de otra manera,…..me pregunto ¿cómo no va a ser rentable sembrar de manera sana y diversa el alimento propio, si así se garantiza la autonomía que genera la producción e intercambio de alimentación de alta calidad nutricional que propicia la buena salud de la familia y la de los vecinos, las relaciones de solidaridad, la formación en valores a niñas, niños y jóvenes, el conocimiento que se adquiere de la naturaleza, entender el significado vital y cósmico del agua, el hermanarse con los animales, la alegría del espíritu al cohabitar con una naturaleza multicolor que canta, acompaña e irradia energía vital ….el valor económico de todo esto es tan alto, que es inconmensurable, pero se hacen cuentas de manera reduccionista teniendo en cuenta solamente las pérdidas o las ganancias que dejan los alimentos que se puedan vender en los mercados y se excluye todo lo demás.

Olvidamos muy rápido la enseñanza de los ancestros sobre la necesidad de organizar la producción de alimentos diversos entre todas las familias de la vereda o del corregimiento, como estrategia de autonomía, identidad y de salud, produciendo primero para el autoconsumo familiar, luego para el trueque (porque no todo lo podemos producir, pero podemos intercambiar), para compartir con las familias y seres vulnerados (para que nadie se acueste con hambre, ni seres humanos ni animalitos) y luego si, lo que nos queda lo llevamos al mercado local, a un lugar donde nos encontraremos ojo a ojo cultivadores y consumidores, sin intermediarios, para conversar, compartir, departir y hacer de este intercambio un reencuentro ameno, alegre, cálido, humano, formador, enriquecedor del cuerpo, del espíritu y de la identidad.

En la niñez, las quebradas y sus entornos en el corregimiento albergaban una biodiversidad hermosa, recuerdo con especial estima, la quebrada que pasaba por el patio de la casa donde se observaban peces y cangrejos….una vez escuché en la noche un ruido extraño debajo de la cama, era un cangrejo de los que habitaban la quebrada, que se movía de manera difícil en el piso cementado. Hoy en día, ésta quebrada como las demás de la región que tienen aún algún flujo de agua, están contaminadas con basuras y residuos industriales de los hogares, que antes no se usaban y de los que ahora se tiene adicción…

La economía una ciencia social, ecológica y política

Se fue la niñez, vino el colegio y la Universidad. A los 11 años llegué a Bogotá, a estudiar el bachillerato y luego Economía en la época en que se asimilaba la Economía a una ciencia social y política, en donde el interés académico era conocer y estudiar la filosofía y los intereses de clase inmersos en cada escuela de pensamiento económico a lo largo de la historia. Recuerdo al profesor Cesar González, quien nos dijo en la primera clase de introducción a la economía,

“si alguno de Ustedes vino a estudiar economía para aprender a hacer cuentas, se equivocó de carrera, váyase más bien a estudiar administración de empresas o contabilidad”.

Hoy en día esa visión de la economía cambió de manera radical en las Universidades, especialmente en las privadas, ahora se cree que la economía es para aprender a hacer cuentas lineales y ponerle precio a todo, el reduccionismo pulula, ya no se reconoce la filosofía política en la economía, ni la economía social, ni la economía ecológica…se quiere impedir la formación de pensamiento crítico…el economicismo se trasladó a la economía, de allí a la cotidianidad, al medio ambiente y ahora son herramientas de la “economía verde” que utiliza la tecnocracia para proponer “negocios verdes” que favorecen por lo regular a los grandes empresarios, poniéndole precio de mercado a la naturaleza y a sus soportes de vida, como único lenguaje de valoración, asimilando el agua a un carro, como mercancías, el territorio conservado ecológicamente a un espacio sin valor económico, que lo adquiere solo cuando se le transforma para el interés particular…sin distinguir las diferencias vitales entre uno y otro…

Es nefasto escuchar a los tecnócratas cuando dicen que sus estudios les llevaron a establecer cuánto vale el agua, o el petróleo, o cuánto vale el páramo o la selva. No entienden que el valor del agua es inconmensurable. Cómo se puede valorar la fuerza vital que crea el agua en el Universo, a precios de mercado?, otra cosa es ponerle precio o valor monetario a la extracción, potabilización, distribución y administración, pero este valor no es jamás el precio del agua.

El precio del petróleo es también inconmensurable, son miles de años los que la naturaleza gasta para producirlo; a lo que se le pone precio es a la extracción, transformación y distribución (y costos asociados), pero este valor monetario no es el precio del petróleo.

Establecer la biodiversidad y los soportes vitales de los páramos o de la selva y ponerles precios de mercado, no es el valor a precios de mercado de estos ecosistemas, este es inconmensurable. Se asume el Planeta como un mega almacén de mercancías, desafortunadamente esta visión es la que se enseña ahora en las Universidades y la que se aplica sumisamente en las instituciones. La ignorancia es atrevida, como decía Bolívar:

“La ignorancia es un instrumento de nuestra propia esclavitud”.

La investigación ambiental

Luego vino una institución ambiental donde ingresé para realizar investigación ambiental desde la perspectiva de la economía ecológica (visión de la economía que estudia el metabolismo social en los territorios, de donde derivan conflictos ambientales que es el campo de estudio de la ecología política), un cabezazo interesante de los creadores de la ley 99 de 1993, el profesor Julio Carrizosa, Margarita Marino, Pablo Leyva, Ernesto Guhl, Manuel Rodríguez, entre otros…

Los primeros 5 años en esta institución fueron muy ricos en aprendizajes sobre el pensamiento complejo, gracias a Pablo Leyva, fuimos parte de la primera promoción de estudiantes de la maestría en medio ambiente y desarrollo, del Instituto de Estudios Ambientales, IDEA, de la Universidad Nacional de Colombia, estructurada en contenidos integrales por estas mismas personas lideradas por el profesor Julio Carrizosa con el apoyo sabio e inconmensurable del profesor Augusto Ángel Maya.

Contamos también con el privilegio de recibir los saberes de profesoras y profesores de la Universidad Nacional de Colombia en todas las dimensiones del conocimiento: social, cultural, económico, ecológico, político, con apoyos externos del profesor Joan Martínez Alier, de Arturo Escobar, ……en el propósito de formar pensamiento crítico, desde una perspectiva holística con visión transdisciplinaria[1], como única manera posible de estudiar el medio ambiente dada su multidimensionalidad y complejidad interactuante, para así aproximarse al conocimiento histórico de las relaciones ecosistema-cultura en un territorio, su “metabolismo social” (Alier, J.M.), donde se configuran relaciones de poder que derivan por lo regular en conflictos ambientales, al no asumir el Estado su papel de regulador de las asimetrías sociales, económicas y políticas en torno al interés colectivo.

Los conocimientos ambientales generados con este tipo de estudios e investigación holística aunados con los saberes locales de familias campesinas y comunidades indígenas y negras, serían el soporte para la construcción colectiva de políticas, planes y proyectos ambientales. En ese propósito, visión y pensamiento nos formamos y se enriqueció nuestro sentido común.

Como se sabe, este enfoque integral no ha sido reconocido por los “tomadores de decisión” institucionales, ni para hacer las investigaciones, ni para construir la política, planes y proyectos. Sin embargo, se convirtió en nuestro referente conceptual, metodológico e ideológico para contribuir a construir conocimiento y conciencia ambiental, a pesar del contexto de adversidad, en donde la corriente hegemónica del gran capital que gobierna los Estados del mundo y su institucionalidad, quiere imponer con sus aparatos ideológicos y represivos, el reduccionismo y la homogenización del pensamiento y del paisaje, el desconocimiento de los diversos lenguajes de valoración, de los derechos humanos y colectivos, de los derechos de la naturaleza, con lo que propicia muchas violencias y vulneraciones.

Los estudios ambientales que se llevan a cabo por la institucionalidad generan resultados reactivos, es decir, que solo ven algunos efectos ambientales, sin conectarlos con los procesos históricos de transformación y apropiación de los territorios en donde las relaciones de poder que se configuran juegan un papel fundamental para entender los efectos y los conflictos ambientales derivados en su mayor parte de modelos de producción ajenos a las características ecosistémicas y culturales de nuestros territorios (La revolución verde por ejemplo), y de modelos de desarrollo forzado que estimulan la concentración de la propiedad de la tierra y el desarrollo de megaproyectos extractivos según los intereses de las grandes empresas nacionales y sobretodo transnacionales, que forzan el desplazamiento de familias asentadas en estos territorios sujeto de apropiación y explotación, así como degradan, contaminan, intoxican o acaban con la naturaleza presente en estos territorios.

Esta visión reactiva es reduccionista y lineal por lo que produce una equivocada investigación ambiental, o mejor, no es investigación, no toca la raíz de los problemas ambientales, donde por supuesto se excluye la participación activa y efectiva de quienes mejor conocen los territorios en sus cotidianidades(con el entorno natural y cultural presente), como son las familias campesinas y las comunidades negras e indígenas; de esta manera la política, la planeación y la gestión ambiental no tienen soporte en la investigación integral y participativa, con visión territorial, enfoque diferenciado y de derechos, sino viene dada en buena parte por las directrices de entidades multilaterales, que protegen los intereses privados del gran capital.

Maestr@s y amig@s

Continuando con esta historia de vida, en el año 2003 se celebró el Congreso de Agriculturas sostenibles en la Tebaida (Quindío), en donde el director de ese entonces (Ingeniero Carlos Fonseca) invitó a instituciones como el MinAmbiente, MinAgricultura, Igac, Dnp, Instituto Humboldt entre otros a construir la agenda del encuentro, teniendo como referente la representatividad de las visiones de las agriculturas alternativas, sin discriminaciones. Todo iba relativamente bien, hasta que se llegó al maestro de las agriculturas alternativas Mario Mejía Gutiérrez, como expositor magistral central del evento.

Quienes representaban al MinAgricultura en ese entonces se opusieron y condicionaron su participación a la no presencia de Mario, lo que nos pareció un sinsentido en el Ideam, por lo que fui comisionada de manera verbal a intentar traer a Mario Mejía al Evento, quien se encontraba en la granja SOS de Armero Guayabal y quien para mi sorpresa accedió a acompañarnos; enfrentamos algunas vicisitudes pero pudimos finalmente contar con él en La Tebaida donde se robó el show, cuando exponía Mario se tenían que suspender las demás presentaciones, pues los participantes acudían masivamente a escucharlo solo a él, con sus reflexiones profundas y sin tapujos, fue increíble. Desde ese momento siento una admiración inmensa por el maestro Mario y sobretodo un cariño muy especial por ese hermoso ser humano que es.

Otra relación inimaginable en mi vida, pues no hay manera de describirla en palabras por lo trascendente en mis sentires, es la presencia de Kimy Pernía Domicó, líder Embera Katio, quien fue apresado en junio del 2001, desaparecido y asesinado por su lucha contra la construcción de la hidroeléctrica Urrá[2], y quien algunas veces me enseña el Universo Embera a través de los sueños.

En el camino afloró otro maravilloso Ser que transformó también mi vida. Cuando empezó el boom del cambio climático en la institucionalidad fui comisionada a Ibagué a visitar diferentes entidades para iniciar un mapeo de actores relevantes para el desarrollo del proyecto piloto de adaptación al cambio climático en lo que hoy se denomina el Parque Nacional Natural Las Hermosas en el Tolima (posteriormente se cambió el proyecto al PNN Chingaza), una de ellas, la Universidad del Tolima, y allí el profesor Gonzalo Palomino Ortiz, a quien no conocía personalmente y con quien el grupo de trabajo en Bogotá rehuía encontrarse en vista de que “tenía un pensamiento ecológico muy radical”, decían.

Sentí que fue un reencuentro con Gonzalo, que ya nos conocíamos; desde ahí se alimentó una relación entrañable con subidas y bajadas propias de la condición humana, como dice Gustavo Wilches “Gonzalo se convirtió en brújula, bastón y lámpara para trasegar los caminos del ambientalismo y de la educación ambiental”, aunque fue más allá, nos hermanamos con la vida en una magia danzante por los senderos de las búsquedas existenciales, materializadas en la lucha ecológica con formación en los “mínimos ecológicos”, en la participación en encuentros de saberes con familias campesinas y comunidades Pijao, en la elaboración de artículos que visibilizan realidades difíciles que vivencian familias y comunidades en territorios de Colombia, aunque nos concentramos por obvias razones en el Tolima.

En este peregrinaje con Gonzalo tuve la fortuna de conocer personas que se convirtieron también en mis maestr@s y amig@s, a los que les tengo gran admiración y cariño por su calidad humana, su conciencia social y ecológica que se materializa en la defensa del interés colectivo mediante la protección de la naturaleza, de los derechos colectivos a un ambiente sano, de la autonomía y soberanía alimentaria, como Claudina Loaiza, Javier Munera, Carlos Becerra, Renzo García, John Nieto, Fernando Castrillón, Olga Cifuentes, Augusto Repizo, German Vélez, Álvaro Acevedo…son innumerables las personas que enriquecieron los pensares y por supuesto Mario Mejía, maestro de maestros, defensor de las agriculturas alternativas con visión comunitaria, del rescate de las semillas nativas locales y las formas pacíficas y solidarias de relacionarnos los unos con los otros, sin seguir recetas sino cada un@ construyendo su propia escuela fruto de su propia experiencia de coexistencia armónica con el entorno natural y cultural.

Con estas y otras personas hemos podido interactuar, aprender, comprender y apoyar procesos de incidencia política en contra de actividades que afecten el bien común con la degradación de la naturaleza, el daño de las formas y medios de vida de las familias y los Pueblos en los territorios sujeto de apropiación, exploración y explotación; en defensa del agua, de la biodiversidad y saberes locales, de las semillas nativas a ser libres y a no querer contaminarse, en defensa del campesinado, de la autonomía y soberanía alimentaria y sobretodo la necesidad de construir soberanía comunitaria en los territorios, que ensanche la base popular, forme comunidades conscientes para construir y consolidar relaciones de orden vital que transformen la vida de los pueblos, los haga participes de las decisiones en torno al interés colectivo y del control social de las mismas en cada geografía política para una coexistencia justa y pacífica.

La soberanía comunitaria se fortalece con la unión de cada vez más hermandades al sumarse a los campesinos y las comunidades negras e indígenas, los maestros, estudiantes, artesanos, pequeños comerciantes, profesionales, trabajador@s, la sociedad civil….”y los demás etcéteras con nombres diferentes pero idénticos pesares”, que buscan transformar los territorios hacia mundos con justicia ambiental[3].

En esta perspectiva apoyé con algunos artículos, para la sección ecológica de Gonzalo Palomino en el periódico Nuevo Día de Ibagué, para el Comité Ambiental en Defensa de la Vida, para el Colectivo Brecha de la Universidad Nacional, para la revista Semillas; también con presentaciones en algunos encuentros (Ecovida, Ibagué, entre otros) y como docente orientadora en escuelas locales con comunidades campesinas, indígenas o negras que defienden los territorios, la vida, el agua, las semillas nativas, la soberanía alimentaria, reivindicando la vía campesina, su identidad y autonomía.

Peregrinajes

Las sensibilidades que alimentan la idea de querer contribuir a construir un mundo en paz con justicia ambiental, se encuentran en el camino con un contexto de adversidad propiciado por el gran capital y sus muros (físicos, culturales, jurídicos, económicos) que es necesario agrietar mediante diferentes expresiones siempre pacíficas y creativas, una de ellas es la composición literaria.

En esta perspectiva escribí “Peregrinajes”, obra que contiene 4 metálogos y poesías, que socialicé en la Casa de Poesía Silva, en la Tercera semana cultural PensArte por los derechos humanos, organizado por la Corporación Yurupari. Esta presentación tiene una doble connotación para mí, por un lado, el sentido de liberación que genera escribir en este tipo de género literario, donde soy consciente que aún falta mucho por aprender, y por otro, porque en el preciso momento en que los estaba compartiendo el 5 de septiembre de 2014, moría repentinamente Orlando Parada Pinilla, mi amigo del alma.

Ser vegetariana

Por último, manifiesto que voy en camino a convertirme en vegetariana. Hace varios años no consumo carnes, a veces marginalmente consumo pescado, sé que llegará el momento de dejar de hacerlo tambien. Este sentir y hacer no responde a una necesidad específica de salud o a una moda, es el resultado de un llamado cósmico que liberó la niña herida que venía cargando desde mi infancia, cuando vivía en el campo, en donde jugaba con mis amigos más entrañables: las plantas y sobretodo los animales, y donde era extremadamente doloroso para mí que en el momento menos pensado mis amigos los animales fueran sacrificados, descuartizados y servidos luego en mi plato de comida.

Peleaba de niña con mi familia por esta infamia, la impotencia me desgarraba, ellos manifestaban que los animales estaban destinados a alimentar a las personas, nunca pude estar de acuerdo con esta idea. A veces pienso que la enfermedad del corazón de mi padre tiene que ver con la acumulación de expresiones de dolor e impotencia que mi papá tuvo que ver en los ojos de los animales que debió sacrificar, pues esa era una de las fuentes de ingresos para la casa.

Siento que mi buenvivir no se puede sustentar en el sacrificio de un animalito que quiere también vivir, sin embargo, antes consumía su carne; en los asados por ejemplo veía a las familias y amigos disfrutar comiéndolas y a mí se me revolvía la conciencia porque sentía que estas carnes estaban sazonadas con dolor y sufrimiento, pues los animales saben que los van a sacrificar y sus ojos expresan una profunda e impotente tristeza.

Hoy en día siento felicidad porque poco a poco me convierto en vegetariana. Sueño, con el día en que también llegue ese llamado cósmico a mi familia, amigas, amigos y a l@s amig@s que faltan aún por conocer… “la paz de la tierra empieza por hacer la paz sobre la tierra” con todos los seres vivos, esta es la paz estable y duradera que puedo comprender¡¡



[1] Transdisciplinario quiere decir, que no debemos quedarnos en el conocimiento específico de la disciplina en la que nos graduamos o formamos. Para poder estudiar el medio ambiente, dada su complejidad, es necesario conocer las bases teóricas y conceptuales de todas las ciencias. En mi caso, siendo economista, debía aprender también de las bases de meteorología, de ecología, de hidrología, de suelos, de antropología, de ciencias políticas, etc., para poder entender lo que es el medio ambiente; de esta manera, un equipo de trabajo multidisciplinario pero con visión transdisciplinaria generaría unas discusiones y construcciones mucho más robustas en torno a lo ambiental, sin fragmentarlo por especialidades temáticas, que ven partes de manera aislada, pero no el Todo articulado con las partes, como es el ambiente.


[2] Kimy organizó el Do Wambura (“Adiós al río”), una movilización de los Embera por el rio Sinú a la que se sumaron pescadores y campesinos para protestar contra el proyecto hidroeléctrico Urra, planeado para satisfacer el interés privado y no el interés colectivo, afectando de manera estructural el territorio Embera, la naturaleza allí presente, la dinámica del rio, la forma de vida de las familias, los espacios sagrados de la Comunidad, fomentó la división al interior de la Comunidad (es la manera como suelen penetrar las empresas en los territorios: “Divide y reinarás”), para exigir que se consultara a los Embera, pero sobre todo para concientizar a las comunidades y a la sociedad de la región y a la sociedad en general sobre los efectos nefastos de este megaproyecto en el territorio Embera, en la naturaleza (que no tiene fronteras) y en sus vidas.


[3] Entendiendo que lo ambiental lo conforma el ambiente natural, donde se encuentra el ser humano con los demás seres vivos, y el ambiente construido, es un ambiente transformado a partir de los valores y culturas de los sujetos individuales y colectivos en sus relacionamientos con el entorno natural y social. Justicia ambiental implica que todos los seres vivos tenemos el derecho a tener un entorno sano, con relaciones de respeto, solidaridad y responsabilidad, en donde predomine el interés colectivo, lo que requiere la construcción de formas de gobierno y de Estado diferentes a los actuales: Un Estado ambiental de derecho (según Gregorio Mesa), en donde se piense el mundo y la tierra en formas diferentes, no solamente en términos de propiedad y en donde las fronteras vayan más allá de los Estados, no existan, en donde los accesos a las necesidades vitales no tengan los sesgos y las restricciones de especie, raza, etnia, genero, nivel de ingresos, etc.

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